La voz de miles de burguilleros cantando su himno recibió en la plaza a la Virgen del Rosario, que logró ser más que nunca Reina de la Paz y unir bajo su manto y su corona a todo un pueblo.
Juan C. Romero. La voz de miles de burguilleros cantando su himno recibió en la plaza a la Virgen del Rosario, que logró ser más que nunca Reina de la Paz y unir bajo su manto y su corona a todo un pueblo.
El cardenal de Sevilla, Carlos Amigo Vallejo, presidió una ceremonia vivida con emoción por todos.
Las calles y plazas lucían sus mejores galas, como sólo lo hacen en los acontecimientos importantes, cuando la historia llama a las puertas de la tradición popular y religiosa, y todo un pueblo se pone manos a la obra para ver cumplir un objetivo común, ése que señalan los paños que adornan el pueblo con un lema: Cuatro siglos de devoción y una corona de amor.
Eran las 20.45 horas cuando el cardenal colocaba las coronas, primero al Niño y después a la Virgen del Rosario. Amigo destacó en sus palabras que “la corona de amor del pueblo de Burguillos no es sólo del de ahora, sino también del que a lo largo de cuatro siglos ha procesado la devoción por la Virgen”.
Ya desde muy temprano, la banda de Nuestro Padre Jesús de la Humildad de la barriada de Pino Montano de Sevilla anunciaba que había llegado el día de la coronación, mientras por la tarde, las Tres Caídas de Triana abría el cortejo que trasladó a la Virgen desde la parroquia a la plaza de la Constitución, donde estaba situado el altar, y tras el paso iba la banda local de Nuestra Señora del Valle. La música fue una de las protagonistas del día: hasta seis composiciones en honor a la Virgen se estrenaron.
En la plaza esperaban miles de personas, con cientos de mujeres con mantillas blancas entre las que estaba la alcaldesa en funciones de la localidad, Mariana Pérez.
Unas 40 hermandades acompañaron el cortejo. “Han sido invitadas todas las del Rosario de la Archidiócesis, así como algunas del resto de Andalucía a las que la hermandad ha estado tradicionalmente ligada”, explicó el hermano mayor, Miguel Velázquez. Pero, ante todo, los primeros que acompañaron a la Virgen fueron los burguilleros, y es que “la Virgen y el pueblo son indivisibles, las dos caras de una moneda”, destacó Velázquez, y ayer echaron el resto. Como lo llevaban haciendo desde hace seis años, cuando un grupo de hermanos presentó más de 1.500 firmas para que iniciasen los trámites para la coronación.
Como ocurre en cualquier coronación canónica, la hermandad burguillera ha realizado una obra social que ha consistido en la ejecución del salón parroquial, que “ha supuesto un esfuerzo considerable porque el coste final duplica el de la corona”, señala el hermano mayor.
Para su gran día, la Virgen estrenó, además de las coronas de plata dorada realizada por el taller sevillano Orfebrería Hermanos Delgado López, una saya bordada en oro sobre tisú de plata, realizada por Bordados Salteras.
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