Memoria de un rebelde


Nacido en Castilblanco el 14 de marzo de 1917, José Sánchez Badillo, excombatiente republicano que sobrevivió a dos Consejos de Guerra del franquismo, mantiene a sus 92 años intacta su memoria. Su historia pudo leerse en ‘Mis siete vidas memorias rebeldes’, editado por el Ayuntamiento de Castilblanco en 2007.

Juan C. Romero. Nacido en Castilblanco de los Arroyos el 14 de marzo de 1917, José Sánchez Badillo mantiene a sus 92 años intacta su memoria. Su historia se pudo leer en Mis siete vidas: memorias rebeldes, editado por el Ayuntamiento de Castilblanco de los Arroyos en 2007. Se agotó rápidamente y ahora sueña con una segunda edición.
“En la cárcel cuidé por dos cosas: mantener la cabeza en su sitio –no quería que por nada del mundo se me olvidara todo lo que había pasado– y la capacidad para dejar embarazada a una mujer cuando llegase el momento, porque quería dejar descendencia”, cuenta este republicano que pasó por dos Consejos de Guerra y un duro exilio en Alemania ahora empeñado en erradicar los estereotipos sobre la Guerra Civil.
“Todos los días iban sacando a gente de la prisión, estuve en comisaría tres meses, donde todas las noches, excepto la del sábado al domingo, fusilaban a entre 25 y 50 personas en las tapias”, rememora. “De los mineros que vinieron con los guardias civiles recuerdo a un niño en la prisión, hijo de mineros, luego detuvieron a 30 que venían de Rociana y Almonte, con los hermanos Camacho y Pichardo que venían a combatir con algunas escopetas en dos camionetas, los rodearon, tuvieron que entregarse, no dejaron ni uno”, agrega todavía con pesar.
Por la intercesión de un conocido del barrio de San Julián, en Sevilla, él consiguió salir de la prisión. Lo alistaron inmediatamente en el bando nacional y poco tiempo después se pasó con los republicanos. “Nadie me podía frenar, tenía mis ideas claras y estaba dispuesto a llegar a las últimas, aunque nunca esperaba la guerra, una vez que se presentó, tuve que sacar fuerzas para hacer frente”, confiesa este combatiente incansable.
Su memoria sigue siendo prodigiosa: “Nos unimos a las fuerzas republicanas el 7 de octubre de 1937 en las Lomas de Buenavista, al grito de hermanos no disparéis, estamos con vosotros, somos cinco desertores”. Esa noche no se le olvidará en la vida. “Me encontré allí con tres de mi barrio, amigos míos que combatieron en las barricadas, nos pusimos al día de nuestra vida…”.
Es de esas últimas personas que todavía pueden contar la historia en primera persona a los quieran escucharla. “Se ha escrito mucho en base a conjeturas… no tiene nada que ver [dice señalando una publicación sobre la Guerra Civil que tiene sobre su mesa], lo que vale es la experiencia, esto que estoy contando…”, aseverá. Por eso sigue buscando quien vuelva a editar su libro para poder demostrarlo.
Su padre era un sombrerero que trabajaba en la calle Sierpes de Sevilla para un catalán. Luego se casó con su madre, a la que conoció en Castiblanco de los Arroyos, donde tenían la costumbre las familias de mandar a las niñas a servir a la capital hispalense. “Pues aquí no había nada más que hambre”, concluye.
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